
En Lima, la novena ciudad con mayor tráfico vehicular del mundo, la congestión forma parte del día a día: en esta capital, los viajes por app de movilidad —conocidas de forma imprecisa como «taxi por aplicativo»— han permitido registrar y organizar millones de viajes, generando datos clave sobre patrones de demanda, horas pico y zonas críticas. Así, la discusión ya no se limita a cuántos autos circulan, sino a cómo se estructuran esos desplazamientos y cuál es su impacto en la movilidad urbana.
¿Más autos o un cambio en su uso?
Una de las críticas más frecuentes es que las apps habrían incrementado la cantidad de vehículos en circulación. Sin embargo, no hay evidencia concluyente que permita afirmar que estas plataformas hayan generado un aumento significativo del parque automotor. Más bien, distintos análisis apuntan a una reorganización en la forma en que se utilizan los autos que ya existen en la ciudad.
Fausto Liñán, Head of Business Strategy & Growth de Cabify, señala que muchas personas han incorporado sus vehículos a las plataformas como una fuente adicional de ingresos, integrando autos ya existentes a un sistema más organizado de movilidad.
Si bien hay casos en los que algunos conductores adquieren o renuevan sus vehículos para operar en apps, esto responde más a decisiones individuales dentro de un mercado activo que a un crecimiento estructural del número total de autos en la ciudad.
Data en tiempo real: entender cómo se mueve Lima
Uno de los principales aportes de las plataformas es la generación de información en tiempo real sobre cómo se desplazan las personas en la ciudad. Estos datos permiten identificar zonas de mayor congestión, horarios de alta demanda y patrones de movilidad.
Según Liñán, en Lima la demanda se concentra principalmente en dos momentos del día: entre las 6:00 a.m. y las 9:00 a.m., con desplazamientos hacia centros de trabajo y estudio, y entre las 5:00 p.m. y las 8:00 p.m., en el retorno a casa.
Distritos como San Isidro, Miraflores, San Borja y Lince presentan altos niveles de congestión en horas pico, mientras que el centro de Lima mantiene una alta densidad vehicular durante gran parte del día.
A partir de estos datos, las plataformas pueden anticipar picos de uso, ajustar la asignación de conductores y mejorar la disponibilidad del servicio en zonas donde se concentra la demanda, en una ciudad donde los tiempos de traslado pueden variar significativamente según la hora y el distrito.
El rol de las apps en el sistema de movilidad
Más allá del debate sobre su impacto en el tráfico, el rol de las apps de movilidad se entiende mejor dentro de un sistema más amplio. Para Federico Battifora, consultor senior especializado en seguridad vial, estas plataformas podrían funcionar como un complemento dentro del ecosistema urbano.
En ese sentido, señala que su integración puede contribuir a mejorar la fluidez vehicular, especialmente en una ciudad donde el transporte público presenta limitaciones. “Las apps no están para reemplazar al transporte público masivo, sino para hacerlo más eficiente, cubriendo tramos donde no llega o no responde adecuadamente”, explica.
También destaca que estas plataformas pueden cumplir un rol clave en momentos específicos, como fallas en el sistema de transporte, horarios de menor cobertura o zonas con baja conectividad, donde actúan como una alternativa que facilita el desplazamiento.
Experiencias internacionales muestran que, cuando se integran adecuadamente, las apps pueden fortalecer el sistema de movilidad en su conjunto. “El reto no es tener más vehículos en circulación, sino lograr que los existentes se muevan de forma más eficiente”, concluye.
¿Por qué no son “taxis” por aplicativo?
Aunque en Perú coloquialmente se les llama “taxis por aplicativo”, las plataformas de movilidad responden a un modelo de negocio distinto al del taxi tradicional. En nuestro país, el término “taxi” suele utilizarse de manera amplia para referirse a cualquier vehículo que transporta pasajeros, por lo que la diferencia entre ambos servicios no suele percibirse en el tipo de auto, sino en la naturaleza de la actividad y en el marco bajo el que operan.
El taxi regulado forma parte del transporte público y está sujeto a autorizaciones específicas otorgadas por la autoridad de transporte. Los vehículos que prestan este servicio deben cumplir determinadas condiciones para operar —como registros e identificación visible— y pueden captar pasajeros directamente en la vía pública o en paraderos habilitados.
Las plataformas de movilidad, en cambio, no prestan el servicio de transporte ni operan vehículos. Su función es tecnológica: gestionan sistemas digitales que conectan a usuarios con conductores independientes y facilitan que ambas partes acuerden un viaje. El servicio solo se activa cuando el usuario realiza una solicitud dentro de la aplicación, que organiza el proceso del viaje —desde el precio, la asignación del conductor hasta el pago y la evaluación— y mantiene un registro digital de cada trayecto.
“Las plataformas de movilidad no solo facilitan que un usuario encuentre un conductor disponible. También introducen una capa de trazabilidad y seguridad que antes no existía en este tipo de servicios. Cada viaje queda registrado digitalmente —quién lo solicita, quién lo realiza, en qué vehículo, qué ruta se sigue y cómo se paga— lo que permite generar mayor transparencia y mecanismos de seguimiento dentro de la plataforma”, sostiene Carlos Andrés Mendoza desde Cabify.


por Polux