
Cada mañana, mientras miles de limeños se dirigen al trabajo o llevan a sus hijos al colegio, cientos de mujeres conductoras encienden su aplicativo de movilidad y comienzan una dinámica que combina estrategia, conocimiento de la ciudad y organización familiar: para muchas de ellas, conducir en plataformas de movilidad, conocidas comúnmente —aunque de manera imprecisa— como «taxi por aplicativo«, dejó de ser una actividad ocasional para convertirse en una fuente estable de ganancias adicionales que les permite aportar a la economía del hogar sin renunciar a otras responsabilidades.
Aunque la presencia femenina todavía es muy inferior que la de los hombres en las plataformas de movilidad, cada vez son más las mujeres que encuentran en esta actividad una alternativa compatible con su vida cotidiana. Solo en Cabify existen alrededor de 2% socias conductoras en el Perú, un grupo que refleja una realidad compartida por miles de conductoras que operan en distintas aplicaciones.
Un estudio desarrollado por Cabify y la ONG Perú Pendiente revela que el 85% de las conductoras de su plataforma son madres o cuidadoras, lo que explica por qué la flexibilidad para decidir cuándo conectarse es uno de los beneficios más valorados. Esa posibilidad les permite acompañar a sus hijos, atender responsabilidades familiares y, al mismo tiempo, generar ganancias adicionales.
Perfil de mujeres conductoras de aplicativo
La investigación también muestra que las mujeres conductoras distribuyen sus tiempos de conexión a lo largo de la semana para maximizar sus resultados.Sin embargo, esas horas no necesariamente son continuas. Muchas organizan su día en función de los momentos de mayor demanda. También, de las actividades familiares, conectándose únicamente cuando saben que habrá más oportunidades de conseguir viajes.

Ese es el caso de una conductora entrevistada por Movilidad.pe, quien ha convertido el conocimiento detallado de dos distritos de Lima en su principal herramienta para optimizar sus recorridos. Comienza alrededor de las 7 de la mañana y suele terminar cerca de las 2 de la tarde. Su estrategia no consiste en recorrer toda la ciudad buscando pasajeros. Consiste en especializarse en dos microzonas: una en San Juan de Lurigancho y otra en el Cercado de Lima.
Contra el tráfico de Lima
Con los meses aprendió cuáles son las calles que se congestionan con mayor frecuencia. También, las rutas alternativas para evitarlas y los horarios con mayor demanda. Incluso el tipo de pasajeros que suele movilizarse en cada punto e incluso los lugares donde es más probable recibir una solicitud de viaje.
«Conocer muy bien un sector termina siendo una ventaja. Ya sabes por dónde salir cuando hay tráfico y en qué momentos conviene conectarse», comenta.
Su experiencia demuestra que sus ganancias no dependen únicamente de conectarse más horas. También de desarrollar un conocimiento profundo del entorno donde se presta el servicio.
Otra conductora consultada por este portal ha optado por una estrategia completamente distinta. En lugar de especializarse en determinadas zonas, decidió convertirse en una experta en horarios específicos. Su rutina empieza a las seis de la mañana y concluye alrededor de las tres de la tarde. Gracias a esa planificación logra obtener ganancias adicionales.
Su primer objetivo diario es atender la demanda de familias que llevan a sus hijos al colegio. Considera que muchas madres valoran especialmente viajar con una conductora mujer cuando el servicio involucra a menores de edad.
Después busca aprovechar la salida de los colegios y analizar nuevos picos de demanda durante la hora del almuerzo, un segmento que considera tiene un importante potencial de crecimiento.
«Cada horario tiene una dinámica distinta. Lo importante es conocer cuándo aparecen los viajes y organizar el día alrededor de esos momentos», explica.
Estrategias en la ruta
Las historias de ambas conductoras reflejan que no existe una única fórmula para tener buenos resultados. Algunas construyen su experiencia dominando determinadas zonas de la ciudad; otras perfeccionan el conocimiento de los horarios con mayor movimiento. En ambos casos, la planificación termina siendo tan importante como la conducción.
El estudio de Cabify también permite conocer quiénes conforman este grupo de mujeres. La mayoría tiene entre 30 y 55 años. Muchas son madres solteras o jefas de hogar y provienen de ocupaciones tan diversas como enfermería, ventas, comercio o pequeños emprendimientos. También comparten intereses que van desde el deporte y la cocina hasta la música y la lectura, además de mostrar una alta disposición para aprender y compartir experiencias con otras conductoras.
Pero no todo son ventajas en el entorno urbano. La investigación evidencia que el acoso y la discriminación en el espacio público siguen siendo el principal obstáculo para las mujeres que se desplazan por la ciudad; de hecho, más del 70% ha reportado haber vivido algún episodio de este tipo en las calles.
La seguridad aparece así como una de las principales preocupaciones del entorno. De hecho, varias participantes del estudio señalaron que perciben diferencias clave en las medidas de seguridad que ofrecen distintas plataformas de movilidad. Una de ellas resumió esa percepción con una frase sencilla: «Con los usuarios de Cabify me siento más segura».
Otro hallazgo relevante es la necesidad de construir redes de apoyo. El 96% de las conductoras manifestó que contar con espacios para compartir experiencias con otras mujeres, mientras que el 81% considera que su experiencia al volante es distinta a la de los hombres debido a los desafíos que enfrentan diariamente.
Un trabajo que se adapta a sus vidas
Más allá de las ganancias adicionales, muchas valoran el reconocimiento y el interés por comprender sus necesidades específicas. También destacan la y, sobre todo, la posibilidad de decidir cuándo manejar.
Una participante del estudio lo resume con un ejemplo cotidiano: «Me gusta la posibilidad de poder llevar a mi hijo al colegio, recogerlo… no tener un horario estricto es una ventaja».
Las experiencias recogidas muestran que el uso de aplicativos de movilidad para muchas mujeres conductoras del mal llamado «taxi por aplicativo» -término que no corresponde al funcionamiento real de estas plataformas- se ha convertido en una actividad compatible con la crianza, el cuidado de la familia y otros proyectos personales. Con estrategias distintas, horarios flexibles y un conocimiento cada vez mayor de la ciudad, cientos de conductoras demuestran cada día que el volante también puede ser una herramienta para ganar autonomía económica sin dejar de lado el equilibrio entre el trabajo y la vida familiar.

Mujeres conductoras de aplicativos: ¿por qué no son “taxis por aplicativo”?
Aunque en Perú coloquialmente se les llama «taxi por aplicativo», un término de uso común pero técnicamente impreciso, miles de mujeres conductoras de taxi por aplicativo desarrollan en realidad su actividad a través de plataformas de movilidad, un modelo de negocio distinto al del taxi tradicional.
El taxi regulado forma parte del transporte público y está sujeto a autorizaciones específicas otorgadas por la autoridad de transporte. Los vehículos que prestan este servicio deben cumplir determinadas condiciones para operar —como registros e identificación visible— y pueden captar pasajeros directamente en la vía pública o en paraderos habilitados.
Las mujeres conductoras de apps, conocidas —aunque de manera inexacta— como conductoras de taxi por aplicativo, no prestan el servicio de transporte. Las plataformas no dan el servicio directamente. Su función es tecnológica: conectan digitalmente a usuarios con conductores independientes y facilitan que ambas partes acuerden un viaje. El servicio solo se activa cuando el usuario realiza una solicitud dentro de la aplicación. Esta organiza el proceso del viaje —desde el precio y la asignación del conductor hasta el pago y la evaluación. También mantiene un registro digital de cada trayecto.
“Las plataformas de movilidad no solo facilitan que un usuario encuentre un conductor disponible. También introducen una capa de trazabilidad y seguridad que antes no existía en este tipo de servicios. Cada viaje queda registrado digitalmente —quién lo solicita, quién lo realiza, en qué vehículo, qué ruta se sigue y cómo se paga— lo que permite generar mayor transparencia y mecanismos de seguimiento dentro de la plataforma”, sostiene Carlos Andrés Mendoza desde Cabify.
