37 mil viajes y 4,9 de puntuación en Cabify: la historia del conductor Rubén Miranda que lleva 11 años con el aplicativo

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Rubén Miranda, conductor de aplicativo Cabify, acumula más de 37 mil viajes y una calificación de 4,9 tras casi 12 años manejando exclusivamente con la plataforma en Lima.
Rubén Miranda, conductor de aplicativo Cabify, acumula más de 37 mil viajes y una calificación de 4,9 tras casi 12 años manejando exclusivamente con la plataforma en Lima.

A las siete de la mañana, cuando San Isidro todavía bosteza y las cafeterías recién levantan sus persianas, el conductor del aplicativo Cabify Rubén Miranda ya está manejando entre las torres de vidrio del centro financiero. Conoce cada esquina, cada ingreso vehicular, cada semáforo que demora unos segundos más de lo normal. También conoce los hábitos de quienes suben a su auto: el ejecutivo que responde correos desde el asiento trasero, la trabajadora que aprovecha el trayecto para dormir unos minutos, el pasajero que agradece el aire acondicionado en pleno verano limeño.

Después de 11 años y cinco meses conduciendo con Cabify, Rubén ya suma más de 37 mil viajes y una puntuación de 4,9. Dice el número sin grandilocuencia, como quien habla de algo cotidiano. Lo hace mientras acomoda un paño de limpieza en la maletera de su auto modelo 2024, impecable por dentro y por fuera.

“Siempre estoy limpiando el carro. Cada par de horas reviso todo por dentro”, cuenta. En la maletera lleva implementos de limpieza, botellas con líquido para el tablero y paños de microfibra. La rutina es casi automática.

Antes de convertirse en socio conductor, su vida era distinta. Trabajaba de forma independiente, sin horarios claros ni ganancias estables. Había días mejores que otros y meses donde el dinero apenas alcanzaba. Lo recuerda sin dramatismo.

“Ahora estoy más tranquilo trabajando de forma independiente. Valoro mucho poder organizar mis tiempos y mejorar mis ingresos según mi dedicación”

La palabra que más repite es «tranquilidad»: la calidad de vida de un conductor de aplicativo Cabify

No habla de hacerse rico ni de historias espectaculares. Habla de poder almorzar con calma, de tomarse un descanso cuando lo necesita o de decidir cuándo termina su jornada. Una idea sencilla, pero que para él cambió su calidad de vida.

Cuando Cabify llegó al Perú, las aplicaciones de movilidad todavía eran un territorio incierto. Muchos socios conductores desconfiaban. Rubén no. Él ya tenía experiencia con clientes corporativos y conocía bien la dinámica empresarial de San Isidro.

Recuerda incluso uno de los primeros grandes clientes de la aplicación en Lima: el entonces Banco Continental. “Cabify para empresas comienza a trabajar con el banco y yo comencé a usar la aplicación con mayor frecuencia para atender la zona. Ahí empecé a moverme con distintas empresas de la zona”, recuerda. Hoy, BBVA sigue siendo uno de los grandes clientes de Cabify.

Desde entonces, el centro financiero se convirtió en su mapa cotidiano. El conductor calcula que gran parte de sus 37 mil viajes con el aplicativo Cabify ocurrieron entre San Isidro, el Golf y las oficinas corporativas cercanas. “Acá me conocen”, dice entre risas.

También recuerda que conducir con aplicaciones hace una década era completamente distinto. Con el tiempo, la plataforma ha ido incorporando más herramientas y funcionalidades para mejorar la experiencia de los usuarios.

“Antes había menos información disponible antes de aceptar un viaje, lo que hacía la dinámica diferente. Hoy todo es mucho más claro y flexible”, explica.

Con el tiempo, dice, la plataforma fue adaptándose al mercado y a las necesidades de los conductores. Para Rubén, ese cambio fue clave. Nunca sintió la necesidad de abrir varias aplicaciones al mismo tiempo, algo común entre conductores que buscan maximizar ganancias. “Yo conduzco solo con Cabify. Nunca lo he hecho con otro aplicativo”, afirma.

¿Por qué? Su respuesta mezcla números y experiencia. “En primer lugar, las tarifas. Y en segundo lugar, los clientes”, resume.

Habla especialmente de los usuarios corporativos y de los pasajeros que suelen movilizarse por zonas como el Golf o Los Eucaliptos. Dice que la mayoría son amables, respetuosos y valoran el servicio tranquilo. “Uno está a gusto con ese tipo de clientes”, comenta.

Por qué el conductor se quedó para siempre con el aplicativo Cabify

Rubén escucha historias de otros socios conductores que usan simultáneamente distintas plataformas. Algunos son amigos, ex compañeros o familiares. Lo invitan a probar otras aplicaciones. Él los escucha, pero no cambia de idea. “Yo sé lo que es moverse tranquilo. Y eso no tiene precio”, dice.

Su jornada de lunes a viernes es flexible, suele conectarse por las mañanas y, haciendo pausas durante el día, vuelve a casa alrededor de las nueve de la noche. En promedio realiza unos 25 viajes diarios, aunque varía según la distancia de los servicios.

Aprendió a leer la ciudad y a tomar decisiones rápidas. Si un viaje largo al aeropuerto no conviene por la congestión o por la cantidad de autos esperando retorno, cambia de ruta y vuelve a San Isidro. Siempre calcula el movimiento del día.

Esa constancia también le permitió sostener a su familia. Su hijo, de 21 años, estudia sistemas en la universidad. Además, pudo renovar su vehículo constantemente. Mientras otros conductores extienden la vida útil de sus autos durante más de una década, Rubén prefiere mantener unidades modernas.

“No voy a esperar que el carro se caiga”, dice. En su auto, el aire acondicionado permanece encendido incluso cuando el tipo de servicio no lo exige. Lo hace por comodidad propia y también por el pasajero. “No voy a pelear por unos solcitos”, comenta. “Prefiero estar fresco y que el usuario también esté cómodo”.

Quizá esa lógica explica buena parte de sus calificaciones. Rubén entiende el servicio desde los detalles mínimos. Saludar. Despedirse. Mantener el volumen de la música casi imperceptible. No contestar llamadas mientras maneja. No iniciar conversaciones innecesarias. Y con los años aprendió a leer silencios y gestos. Si alguien responde un audio o atiende una llamada, baja todavía más el volumen de la música. Muchos pasajeros terminan agradeciéndolo. Tampoco se distrae con el teléfono mientras conduce. Las llamadas pueden esperar. Los mensajes también. “Siempre estoy atento a manejar”, señala.

En una ciudad acelerada, donde el tránsito suele convertir cualquier trayecto en una prueba de paciencia, el conductor de aplicativo Cabify Rubén Miranda encontró una rutina basada en lo contrario: calma, orden y constancia.

Cada enero descansa dos semanas. Aprovecha para revisar temas de salud, arreglos pendientes en casa y hacer mantenimiento técnico al vehículo. Después vuelve a la misma ruta de siempre: San Isidro, las oficinas, los pasajeros corporativos y las avenidas que conoce de memoria.

A veces los usuarios revisan su perfil durante el viaje y se sorprenden por la cantidad de trayectos acumulados. Más aún cuando descubren que lleva casi doce años conduciendo con la misma aplicación.

“Se sorprenden cuando les digo que siempre he manejado con Cabify”, cuenta. Rubén sonríe apenas al decirlo. Luego enciende el auto, revisa el siguiente servicio y vuelve al tráfico limeño.

¿Por qué no son “taxis” por aplicativo?

Aunque en Perú coloquialmente se les llama “taxis por aplicativo”, las plataformas de movilidad responden a un modelo de negocio distinto al del taxi tradicional. En nuestro país, el término “taxi” suele utilizarse de manera amplia para referirse a cualquier vehículo que transporta pasajeros, por lo que la diferencia entre ambos servicios no suele percibirse en el tipo de auto, sino en la naturaleza de la actividad y en el marco bajo el que operan.

El taxi regulado forma parte del transporte público y está sujeto a autorizaciones específicas otorgadas por la autoridad de transporte. Los vehículos que prestan este servicio deben cumplir determinadas condiciones para operar —como registros e identificación visible— y pueden captar pasajeros directamente en la vía pública o en paraderos habilitados.

Las plataformas de movilidad, en cambio, no prestan el servicio de transporte ni operan vehículos. Su función es tecnológica: gestionan sistemas digitales que conectan a usuarios con conductores independientes y facilitan que ambas partes acuerden un viaje. El servicio solo se activa cuando el usuario realiza una solicitud dentro de la aplicación, que organiza el proceso del viaje —desde el precio, la asignación del conductor hasta el pago y la evaluación— y mantiene un registro digital de cada trayecto.

“Las plataformas de movilidad no solo facilitan que un usuario encuentre un conductor disponible. También introducen una capa de trazabilidad y seguridad que antes no existía en este tipo de servicios. Cada viaje queda registrado digitalmente —quién lo solicita, quién lo realiza, en qué vehículo, qué ruta se sigue y cómo se paga— lo que permite generar mayor transparencia y mecanismos de seguimiento dentro de la plataforma”, sostiene Carlos Andrés Mendoza desde Cabify.

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