
Un auto sedán moderno, realizando trayectos urbanos constantes, es capaz de emitir en un año el equivalente a varias veces su propio peso en gases de efecto invernadero. En medio de una ciudad con alta congestión, como Lima, el impacto ambiental y de los viajes por aplicativo es algo que no se debe ignorar. En ese contexto, la huella de carbono y las emisiones son calculadas por Cabify y compensadas fuera de la ciudad, específicamente en la Amazonía peruana.
A diferencia de los enfoques generales de compensación, la empresa afirma que el cálculo se realiza por cada trayecto realizado. Es decir, cada vez que un usuario solicita un servicio, la plataforma mide la distancia recorrida, así como el tipo de combustible del vehículo y otros aspectos para estimar la cantidad de dióxido de carbono (CO₂) emitida.
“El impacto ambiental de cada viaje se mide y se compensa al 100%. No es una estimación general, sino un cálculo específico de la huella de carbono por trayecto”, señala Daniela Betancour, líder de Asuntos Corporativos de Cabify Perú.
Este proceso, según la compañía, está certificado bajo la norma ISO 14068-1, que establece criterios para la neutralidad de carbono y exige verificación externa. En términos prácticos, la compensación se realiza mediante la compra de créditos de carbono equivalentes a las emisiones generadas en cada viaje.
La huella de carbono calculada por Cabify y su compensación en la Amazonía
Uno de los puntos centrales del modelo es que la compensación se ejecuta en territorio peruano. Cabify afirma que su estrategia de mitigación de la huella de carbono prioriza el impacto en ecosistemas locales. Para ello, selecciona una cartera de proyectos que cumplen con estándares internacionales de captura de carbono, los cuales pueden variar geográficamente para apoyar la biodiversidad en distintas zonas del país, desde la selva amazónica hasta proyectos de impacto urbano. Actualmente se hace en Madre de Dios.
Según datos de la empresa, en 2025 se compensaron 4.266 toneladas de CO₂ equivalentes solo en viajes corporativos realizados.. Esta cifra, de acuerdo con sus estimaciones, equivale a la capacidad de absorción de más de 70 mil árboles en un periodo de diez años.
La lógica detrás de este esquema es que las emisiones generadas en entornos urbanos puedan ser contrarrestadas mediante la conservación de ecosistemas que capturan carbono, como los bosques amazónicos. Sin embargo, este tipo de mecanismos suele ser objeto de debate en el ámbito ambiental, debido a cuestionamientos sobre la efectividad y trazabilidad de los créditos de carbono.
Ante ello, Cabify fundamenta su estrategia en la norma ISO 14068-1, la cual exige que los proyectos de compensación seleccionados cumplan con estrictos criterios de verificación externa y trazabilidad, asegurando que cada crédito de represente un impacto real y permanente en el ecosistema.
Huella de carbono, Cabify y la reducción de emisiones: el rol de los algoritmos
Más allá de la compensación, la empresa indica que lo que busca es reducir las emisiones en origen. Una de las herramientas principales es el uso de algoritmos para optimizar rutas y disminuir los “kilómetros en vacío”, es decir, cuando un vehículo circula sin pasajeros.
De acuerdo con Betancour, este tipo de optimización permite reducir tanto el consumo de combustible como la congestión vehicular. “Al evitar trayectos innecesarios, cada kilómetro recorrido es más eficiente”, afirma.
A nivel regional, Cabify ha establecido como meta reducir en 33% sus emisiones por kilómetro hacia 2029. Este objetivo forma parte de su estrategia ESG (ambiental, social y de gobernanza), que también contempla impulsar la adopción de vehículos más eficientes y, en el mediano plazo, eléctricos.
No obstante, la empresa reconoce que en el caso peruano existen limitaciones estructurales, como la escasa infraestructura de carga para autos eléctricos y la antigüedad del parque automotor.
El contexto de Lima
En ciudades como Lima, donde la mayoría de vehículos utiliza combustibles fósiles y el tráfico incrementa los tiempos de viaje, la neutralidad de carbono se plantea como un mecanismo de mitigación más que de solución estructural.
“Mientras el parque automotor general sigue emitiendo, lo que hacemos es compensar esa huella bajo criterios verificables”, explica Betancour.
Esto implica que, aunque el viaje sigue generando emisiones durante su ejecución, estas son posteriormente equilibradas mediante proyectos ambientales. El efecto neto, según la empresa, es neutral en términos de carbono.
Otros ejes: seguridad, accesibilidad y datos
El plan ESG 2026–2029 de Cabify no se limita al componente ambiental. En el ámbito social, uno de los enfoques está en la seguridad, particularmente en la prevención del acoso sexual durante los viajes. La iniciativa “Viaja Seguro” incluye protocolos de atención, herramientas de sensibilización y medidas preventivas.
Asimismo, la plataforma tiene incorporadas funciones de accesibilidad para personas con discapacidad visual, auditiva o motriz, junto a herramientas de sensibilización para conductores para mejorar el servicioa estos usuarios.
En el plano de gobernanza, la empresa señala que implementará auditorías de sus algoritmos para asegurar transparencia en el uso de inteligencia artificial, además de sistemas de debida diligencia alineados con estándares internacionales.
Otro elemento relevante es el uso de datos. Cabify plantea que la información generada por su operación —como patrones de tráfico o demanda de viajes— puede ser útil para el diseño de políticas públicas de transporte.
“El objetivo es que las decisiones sobre movilidad urbana se basen en evidencia y no solo en estimaciones”, indica Betancour.
¿Por qué no son “taxis” por aplicativo?
Al margen del precio, aunque en Perú coloquialmente se les llama “taxis por aplicativo”, las plataformas de movilidad responden a un modelo de negocio distinto al del taxi tradicional. En nuestro país, el término “taxi” suele utilizarse de manera amplia para referirse a cualquier vehículo que transporta pasajeros. Entonces, la diferencia entre ambos servicios no suele percibirse en el tipo de auto, sino en la naturaleza de la actividad y en el marco bajo el que operan.
El taxi regulado forma parte del transporte público y está sujeto a autorizaciones específicas otorgadas por la autoridad de transporte. Los vehículos que prestan este servicio deben cumplir determinadas condiciones para operar —como registros e identificación visible— y pueden captar pasajeros directamente en la vía pública o en paraderos habilitados.
Las plataformas de movilidad, en cambio, no prestan el servicio de transporte ni operan vehículos. Su función es tecnológica: gestionan sistemas digitales que conectan a usuarios con conductores independientes y facilitan que ambas partes acuerden un viaje privado. Por esa razón, especialistas del sector señalan que no es preciso equipararlas con taxis ni llamarlas “taxis por aplicativo”. Responden a un modelo distinto de intermediación digital. El servicio solo se activa cuando el usuario realiza una solicitud dentro de la aplicación, que organiza el proceso del viaje —desde la asignación del conductor hasta el pago y la evaluación— y mantiene un registro digital de cada trayecto.
“Las plataformas de movilidad no solo facilitan que un usuario encuentre un conductor disponible. También introducen una capa de trazabilidad que antes no existía en este tipo de servicios. Cada viaje queda registrado digitalmente: quién lo solicita, quién lo realiza, qué ruta se sigue y cómo se paga. Esto permite generar mayor transparencia y mecanismos de seguimiento dentro de la plataforma”, sostiene Carlos Andrés Mendoza desde Cabify.
